HISTORIA DE ‘EL ALTILLO’

Descubre el pasado glorioso de un lugar emblemático

Majestuosa, detenida en el tiempo, impresionante y señorial, la Finca de “El Altillo” nos reta a viajar a otros tiempos, al Jerez de finales del siglo XIX y descubrir sus secretos. Como una anciana dama que conserva con fuerza su belleza, en El Altillo podemos comprobar cuanto encanto y misterio se esconde en cada una de sus viejas arrugas, en cada uno de sus infinitos rincones.

La familia, al completo.

A finales del siglo XIX, los historiadores no se ponen de acuerdo para datarlo con certeza, Don Manuel María González, el fundador de Gonzalez Byass compró la finca que conocemos hoy por El Altillo, debido a que se encontraba en un bello cerro. Rodeada de naranjos y viñedos, la finca se destinó a casa de recreo familiar, por lo que se la dotó de grandes jardines y arboledas. Además disponía de una ría en cuyo centro se situaba una isla. A veces los mas pequeños se divertían paseando en balandro por ella.

El propietario decidió también construir una capilla, que aún se conserva intacta.

Durante estos años, la finca sirvió de alojamiento a diversas personas de la familia, que iba creciendo con el paso del tiempo. La hija de Don Manuel María, Josefa, se casó con Ricardo de la Quintana Murrieta, afamado banquero vasco que trabajaba en Londres con firmas de Jerez.

Años después, concretamente el 1 de enero de 1908 contraen matrimonio el hijo de ambos, Cristóbal de la Quintana, y su prima hermana Margara González Gordon, ambos primos, se enamoran en la ciudad francesa de Tours, donde los dos coinciden por sus estudios.

teaserbox_16134844Hasta nuestros días, la finca fue habitada por las siete hijas del matrimonio, de las cuales seis eran solteras: María, Josefa, Margara, Mercedes, Livia y Blanca. Casilda fue la única que contrajo matrimonio con un descendiente del Rey de Irlanda, pero no tuvo hijos ya que se casó a una edad avanzada.

El Altillo y la familia de las hermanas De la Quintana González-Gordon han sido muy conocidos desde siempre por su amor a la naturaleza. De hecho, su dueño hizo sembrar en un año mas de 300 árboles, entre los que se encontraban algarrobos, acacias, cedros, álamos, moreras, cipreses, laureles y hasta barnices del Japón, entre otras muchas especies que aún hoy se pueden apreciar. También eran conocidas por su amor a los animales, numerosos perros y gatos hacían compañía a dueños y visitantes. Desde muchos metros de distancia de la finca se podían oír los cantos de las aves, sobre todo de los pavos reales. Era un vergel en pleno centro de Jerez.

La Finca El Altillo era un lugar donde cualquier persona necesitada era bienvenida, de hecho, en el jardín familiar había un banco destinado a que las personas que acudían a pedir ayuda a la familia pudiesen sentarse a esperar ser atendidos. Las hermanas tenían una clara vocación de ayuda al prójimo.

Incluso se llegan a escuchar leyendas sobre que el mismísimo Eleuterio Sánchez ‘El Lute’ se escondió entre sus jardines en su huida del penal de El Puerto, allá por el año 1971.

Pero si por algo se caracterizaban las hermanas era por su cultura y educación victoriana, inculcada a base de viajes, institutrices, práctica de idiomas y de deportes, todo un sinfín de actividades que las llevó a tener un altísimo nivel cultural.

Un legado de Amor a la Naturaleza, Espíritu Solidario y Fomento de la Cultura. Un testigo que Universo Santi tomará con fuerza y unirá al legado de Santi Santamaría para que la Finca El Altillo vuelva a ser ese vergel en el centro de Jerez donde convivan Solidaridad, Naturaleza, Cultura y Gastronomía.